lunes, 7 de noviembre de 2011

El Anillo del Rey

Hace algún tiempo atrás me encontré con una mujer que estaba desonsolada llorando en la cocina de la oficina. Si bien no eramos conocidos, no es una situación especialmente cómoda para nadie. Probablemente ella se sentía mucho más incómoda que todos los que andábamos por ahí también.

Sin querer entrar en detalles obviamente intenté animarla un poco. Después de tratar de decirle las cosas típicas (no te sientas mal, espero que no sea nada grave, etc., etc., etc.) y ver que no pasaba nada, me acordé de un cuento que había escuchado alguna vez y que me pareció era apropiado para la situación.

El cuento se llama El Anillo del Rey y, para los que no lo conocen, es una fábula respecto a cómo las cosas pasan, cómo la mayoría de las cosas en la vida no son permanentes y son pasajeras. Algo así como el tiempo de las Vacas Flacas y las Vacas Gordas, los ciclos económicos, etc. Mi intención, al contarle el cuento, era tratar de que no sintiera que su estado de ánimo iba a ser así para siemprea, que intentara concentrarse en lo que debería cambiar en el futuro cercano, etc. Sin embargo, ella me tenía una sorpresa.

Cuando llegué a la parte del cuento en que el rey está atrapado, abre el anillo y lee el mensaje, la miré con cara de curiosidad para ver si había logrado mi objetivo. Nos quedamos en silencio un momento… yo esperando su respuesta. Después de un rato me miró y me dijo:

- ¡Pero ya poh!… ¿Qué le pasó al rey?

Mi frustración fue grande después de su comentario. Obviamente me di cuenta que el problema era otro.

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