domingo, 30 de julio de 2017

Bendito Tiempo...


Supongamos que usted necesita contratar a un nuevo jardinero. Supongamos, también, que aparecen dos al mismo tiempo y le hacen las siguientes propuestas:

Jardinero 1 - Yo le hago el jardín en 1 hora y le cobro $10.000 pesos.
Jardinero 2 - Yo le hago el jardín en 10 minutos y le cobro $10.000 pesos.

¿Cuál eligiría?

En una encuesta rápida con mis conocidos, y sin mayor información, todos eligieron al Jardinero 1.

Hagamos un pequeño cambio en las propuestas de los jardineros como sigue:

Jardinero 1 - Yo le hago el jardín en 1 hora y le cobro $10.000 pesos.
Jardinero 2 - Yo le hago el jardín en 10 minutos y le cobro $10.000 pesos, porque vengo con mi equipo de 4 personas.

¿Cuál eligiría?

Nuevamente, en una encuesta con mis conocidos, todos eligieron al Jardinero 1.

Hace unos días tuve que llevar mi auto a la revisión de los 70.000 kilómetros. El procedimiento para llevar el auto al taller, obliga a pedir hora y llevarlo muy temprano el día que corresponda, esto es, entre las 08:00 y las 09:00 de la mañana. Así que, llegado el día, así lo hice.

Llegúe al taller y, siguiendo el procedimiento de recepción, el recepcionista llenó un formulario con todos mis datos, los datos del auto, el kilometraje, nivel del estanque y la revisión completa de la carrocería. Lo firmé, me entregó mi copia y, acto seguido, me dijo:

- Vamos a trabajar rápido en él, no se preocupe, y como a las 11:00 lo podemos tener listo.

A lo que le contesté:

- No se preocupe. No es necesario que se apuren tanto. Necesito que hagan el trabajo bien.

¿3 horas para realizar la revisión de los 70.000 kilómetros?

Mi sentido común sólo me hizo notar que tres horas para hacer la revisión, similar a la propuesta del segundo jardinero, no era señal de un trabajo bien hecho. Si a esto le agregamos el valor de la revisión, la situación no es mucho mejor.

El tema de fondo es que, hay muchos ejemplos de situaciones en las cuales se utiliza la rapidez (ficticia por lo demás), como propuesta de valor para entregar un buen servicio y, para mí, dependiendo del servicio, el aumento en la rapidez es inversamente proporcional a la calidad. Si a esto sumamos la variable costo, el tema es aún peor.

Desde el punto de vista del tiempo, obviamente la especialización, riesgo y/o cuidados requeridos para prestar el servicio hacen una diferencia en la "duración" subjetiva que uno puede estimar. Desde el punto de vista de los costos, en términos subjetivos, mientras más caro, debe haber más dedicación.

Por lo tanto, si usted quiere vender o promover la calidad de su servicio como propuesta de valor, no la asocie a la rapidez. Lo único que logrará es que lo comparen con la calidad de la comida del McDonald´s, el restaurant ícono de la comida rápida, con la calidad que ya conocemos.

sábado, 22 de julio de 2017

En el fondo... pero muy en el fondo... en realidad era malo

Un profesor llega caminando, como todos los días, al colegio. Saluda amablemente al portero y a todas las personas que encuentra a su paso rumbo al salón. Cuando entra, deja su maletín sobre el mesón. Los alumnos, en silencio, esperan que comience la clase. Se saca el abrigo y revela una escopeta que llevaba escondida. Lentamente la apunta a los niños, que no entienden lo que esta pasando, y comienza a disparar.

¿Suena familiar esta historia?

Lamentablemente si.

Hace unas semanas el Pastor Soto fue invitado al programa El Interruptor de Vía X, conducido por José Miguel Villouta. Para los que no saben, Carlos Javier Soto (Pastor de ahora en adelante), es un autodenominado pastor evangélico y autoproclamado enemigo de los homosexuales, transexuales, y representantes de la diversidad sexual, etc., y, por otra parte, José Miguel Villouta (Villouta de ahora en adelante), es un presentador y locutor de radio, reconocido defensor de la causa LGBT.

No hay que ser un genio para imaginarse que este encuentro era explosivo, considerando los antecedentes del Pastor (ver Prontuario del Pastor Soto en The Clinic), sin embargo, yo creo que nadie esperaba ver lo que realmente sucedió. En el siguiente video se pueden ver los cinco minutos que duró la entrevista en el programa.


Las cosas no comienzan bien cuando, terminada la bienvenida y sin previo aviso, el Pastor decide realizar un rezo para traer a un invitado muy especial al programa. Ni más ni menos que a Jesucristo. La cara de Villouta lo dice todo y, sin embargo, en un acto de respeto máximo, le permite continuar. Durante la oración, el Pastor Soto invita a Jesucrito y, de paso, solicita que su visita sirva para sanar a "todo aquel que tenga que sanar", haciendo una clara alusión a Villouta. Terminado esto, Villouta le indica al Pastor que lo que acaba de hacer es una falta de respeto e intenta dialogar con él sobre el respeto hacia los otros, sus casas, tradiciones, etc. Obviamente, el Pastor no empatiza y defiende su actuar.

A continuación Villouta intenta cambiar el tema y le hace la primera pregunta formal sobre cuándo conoció la religión Evangélica. El Pastor responde tímidamente y, nuevamente, sin mediar previo aviso, saca desde su chaqueta un pedazo de tela con los colores del Arcoiris. A todas luces, una referencia a la bandera de la diversidad sexual. Declara que tiene frío y la pone en sus pies. En ese momento, el autocontrol de Villouta, alcanza niveles máximos y evidentes. Desconcertado e incómodo con la situación, le declara al Pastor que eso es una falta de respeto. Nuevamente, el Pastor no se da por aludido y comienza a explicar para qué usa el llamado trapo de la inmundicia. Villouta le indica al Pastor que lo que está haciendo es una falta de respecto y le pide que la saque para continuar con el programa, cosa que, evidentemente no ocurre. Finalmente, la Directora de Contenidos del canal interviene y, contrario a lo que uno esperaría, El Pastor declara que no puede "hacer el programa" si no es en esas condiciones (me hizo recordar la historia de las cucharas que escribí hace un tiempo).

Conociendo el perfil del Pastor y el sin fin de situaciones en las que ha participado previamente, nada de lo ocurrido debiera ser una sorpresa.

Pero más allá de la polémica evidente, ¿Cuál es real el problema de lo que sucedió en el programa?

Lo obvio es considerar que el problema es que el Pastor imponga su visión, que vulnere los derechos de otros, que provoque de la peor manera y que promueva la intolerancia, entre tantas cosas. Esto es correcto, sin embargo, no es el mayor problema. Hay algo peor. Y esto es que, detrás de los actos del Pastor, hay premeditación. Veamos porqué.

Supongamos los mismos actores, el mismo programa, las mismas ideas. El Pastor, por su parte, tratando de imponer una visión. Villouta, por otra, claramente el enemigo para él. Considerando que es un programa de entrevista y de exposición de ideas, la conversación debería haber fluido de manera normal. Cada uno exponiendo sus puntos y tratando de explicarlos y/o defenderlos. En este escenario hipotético, uno podría suponer que la conversación se iba a poner intensa, razón por la cual, lo peor que podría haber sucedido es que el tono de voz se alzara, se dijeran unos cuantos improperios y/o hubiera un diálogo áspero entre ellos pero, siempre, como dice el Mago Valdivia, "con respeto", debatiendo y contrastando sobre las ideas de cada uno. Fin del programa. Pero esto no fue lo que sucedió.

La premeditación está presente porque, a diferencia del escenario hipotético anterior en que la situación se podría haber salido de control como resultado del improvisado flujo de conversación, el Pastor llegó al programa con la firme intención de provocar y, peor aún, con los insumos para hacerlo, pero, de manera solapada, oculta y, esto, no es casualidad. Probablemente, desde que aceptó la invitación al programa, planificó fríamente su participación en él y cómo podía aprovechar el espacio de la mejor manera. Podría haber sacado una pistola o el trapo, y el hecho es el mismo.  

Lo que el Pastor hizo no tiene ninguna diferencia (en un plano conceptual obviamente) con los ataques que realiza el Estado Islámico, los ataques de los hombres bomba, los ataques en los colegios y, recientemente, el ludópata que asesinó dos personas en el casino Monticello, en donde, claramente, se abusan de las confianzas del sistema para hacer un daño mayor a personas que están, lamentablemente, desprevenidas. 

miércoles, 15 de febrero de 2017

viernes, 27 de enero de 2017

Quiero ser Millennial...

El otro día conversaba con un amigo respecto a lo difícil y complejo que es administrar a los jóvenes en el ámbito laboral. En lo personal, aún cuando ya estoy sobre los 40, no me siento viejo y, sin embargo, no me puedo comparar con los jóvenes que habitualmente me toca trabajar y/o contratar.


Estos son jóvenes entre los 25 y los 35 años de edad o Millennials (Milénico en español) como se conocen hoy en día. Los Millenials corresponden a personas nacidas entre los años 1980 y 2000 aproximadamente y que, obviamente, no se comportan de igual forma a la Generación X, a la cual pertenezco yo. En términos, generales, las siguientes frases los identifican:
  • Menos religión, más individualismo
  • Menos paciencia, más redes sociales
  • Menos trabajo, más vida
Sin entrar en grandes comparaciones del tipo "mi generación es mejor que esta otra", el aspecto que más me cuesta comprender y asimilar es la relación que tienen con el trabajo, es decir, la última afirmación.

Yo viví mi infancia y mi etapa universitaria entre los años 1985 y 1998, años en que en Chile terminó la dictadura y comenzó la democracia. En esos años, mi padre estuvo cesante varios meses (y veces) y mi mamá nos mantenía haciendo lo único que sabe hacer, es decir, trabajando haciendo ropa, como ya conté antes (ver Las Cucharas... o la Relajación de los Acuerdos). La generación de mi padres, había vivido y superado la crisis económica de 1982 la que, sin quererlo, dejó huella en muchas personas. En particular, la necesidad de cuidar el trabajo sabiendo que con un 23% de Cesantía en su momento peak, más de una persona estaría dispuesta a realizar el mismo trabajo. Perder el trabajo era un lujo que no estaba permitido y la idea de hacer carrera en una empresa, la manera natural de enfrentar el trabajo. 

Hoy las cosas han cambiado y la generación de Millenials no tiene esta misma visión del trabajo, quedando esto reflejado en la famosa frase "No viven para trabajar, trabajan para vivir", publicada en The Guardian el año 2008, en donde se plantea que los Millenials crecieron mirando cómo sus padres trabajaban duro en su intento por progresar, lo que ha hecho que ellos tengan prioridades distintas a la hora de buscar trabajo y privilegien otros aspectos, provocando que el trabajo sea simplemente un medio para lograr acceder a otras cosas: viajes, cosas materiales, etc.

Por esta razón, y más cuando me toca trabajar con ellos, es que a veces me cuestiono si seré yo el equivocado, si ellos tienen la razón y lo que corresponde es dedicarse a vivir y mirar el trabajo, única y exclusivamente, como un vehículo para acceder a cosas y no necesariamente como un objetivo en sí mismo. No lo sé y, probablemente, tendría que nacer de nuevo para poder verlo de otra manera.


Pero, más allá del trabajo, hay un aspecto que caracteriza a esta generación a la perfección: la impaciencia. Como bien explica Simon Sinek en el siguiente video sobre los Millenials, esta generación tiene la maldición de la gratificación inmediata, esto es, no tienen ninguna habilidad desarrollada para plantearse objetivos, eliminando, casi de raíz, la satisfacción que produce establecer una meta, elaborar un plan, ejecutarlo y, por último, cumplirla. En fin, recomiendo ver el video. Creo que la visión es bastante clara y precisa respecto a los problemas que se nos avecinan, en especial, en el gran desafío de criar a nuestros hijos, 100% Millenials.


No se si estoy en lo correcto o no, pero, independiente de eso, tengo claro que no quiero ser un Millennial.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Ohhmmmmm....



Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado
Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro
Si estás en paz, estás viviendo en el presente

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Los Tres Filtros


En mi post anterior (Efectos Secundarios) publiqué una imagen que me pareció muy adecuada para resumir un fenómeno muy habitual: el hablar a espaldas de otras personas y, si bien el sentido común permite concluir que esto no está bien, el otro día me tocó leer la siguiente historia, que aborda el mismo tema...

Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:

- “¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…”
Sócrates lo interrumpió diciendo:

-“¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?

-“¿Los Tres Filtros…?”

-“Sí” – replicó Sócrates. -“El primer filtro es la VERDAD. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?”

-“No… lo oí decir a unos vecinos…”

-“Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo Filtro, que es la BONDAD: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?”

-“No, en realidad no… al contrario…”

-“¡Ah!” – interrumpió Sócrates.- “Entonces vamos a la último Filtro. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?”

– “Para ser sincero, no…. Necesario no es.”

– “Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…”

Seguramente, como muchas historias como esta, Sócrates jamás dijo esto, sin embargo, independiente de si lo dijo o no, creo que el sentido de la historia es relevante para que fluya la información que permite construir y no la que permite destruir que, por lo demás, es siempre más fácil.

Ya sabes, entonces, la próxima vez que vayas a hablar de alguien recuerda pasarlo por los Tres Filtros antes de decirlo.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Hombres Fuertes... Hombres Débiles...


Para los que no saben inglés, la traducción de lo anterior es: 

Tiempos difíciles crean hombres fuertes
Hombres fuertes crean buenos tiempos
Buenos tiempos crean hombres débiles
Hombres débiles crean tiempos difíciles