miércoles, 15 de febrero de 2017

viernes, 27 de enero de 2017

Quiero ser Millennial...

El otro día conversaba con un amigo respecto a lo difícil y complejo que es administrar a los jóvenes en el ámbito laboral. En lo personal, aún cuando ya estoy sobre los 40, no me siento viejo y, sin embargo, no me puedo comparar con los jóvenes que habitualmente me toca trabajar y/o contratar.


Estos son jóvenes entre los 25 y los 35 años de edad o Millennials (Milénico en español) como se conocen hoy en día. Los Millenials corresponden a personas nacidas entre los años 1980 y 2000 aproximadamente y que, obviamente, no se comportan de igual forma a la Generación X, a la cual pertenezco yo. En términos, generales, las siguientes frases los identifican:
  • Menos religión, más individualismo
  • Menos paciencia, más redes sociales
  • Menos trabajo, más vida
Sin entrar en grandes comparaciones del tipo "mi generación es mejor que esta otra", el aspecto que más me cuesta comprender y asimilar es la relación que tienen con el trabajo, es decir, la última afirmación.

Yo viví mi infancia y mi etapa universitaria entre los años 1985 y 1998, años en que en Chile terminó la dictadura y comenzó la democracia. En esos años, mi padre estuvo cesante varios meses (y veces) y mi mamá nos mantenía haciendo lo único que sabe hacer, es decir, trabajando haciendo ropa, como ya conté antes (ver Las Cucharas... o la Relajación de los Acuerdos). La generación de mi padres, había vivido y superado la crisis económica de 1982 la que, sin quererlo, dejó huella en muchas personas. En particular, la necesidad de cuidar el trabajo sabiendo que con un 23% de Cesantía en su momento peak, más de una persona estaría dispuesta a realizar el mismo trabajo. Perder el trabajo era un lujo que no estaba permitido y la idea de hacer carrera en una empresa, la manera natural de enfrentar el trabajo. 

Hoy las cosas han cambiado y la generación de Millenials no tiene esta misma visión del trabajo, quedando esto reflejado en la famosa frase "No viven para trabajar, trabajan para vivir", publicada en The Guardian el año 2008, en donde se plantea que los Millenials crecieron mirando cómo sus padres trabajaban duro en su intento por progresar, lo que ha hecho que ellos tengan prioridades distintas a la hora de buscar trabajo y privilegien otros aspectos, provocando que el trabajo sea simplemente un medio para lograr acceder a otras cosas: viajes, cosas materiales, etc.

Por esta razón, y más cuando me toca trabajar con ellos, es que a veces me cuestiono si seré yo el equivocado, si ellos tienen la razón y lo que corresponde es dedicarse a vivir y mirar el trabajo, única y exclusivamente, como un vehículo para acceder a cosas y no necesariamente como un objetivo en sí mismo. No lo sé y, probablemente, tendría que nacer de nuevo para poder verlo de otra manera.


Pero, más allá del trabajo, hay un aspecto que caracteriza a esta generación a la perfección: la impaciencia. Como bien explica Simon Sinek en el siguiente video sobre los Millenials, esta generación tiene la maldición de la gratificación inmediata, esto es, no tienen ninguna habilidad desarrollada para plantearse objetivos, eliminando, casi de raíz, la satisfacción que produce establecer una meta, elaborar un plan, ejecutarlo y, por último, cumplirla. En fin, recomiendo ver el video. Creo que la visión es bastante clara y precisa respecto a los problemas que se nos avecinan, en especial, en el gran desafío de criar a nuestros hijos, 100% Millenials.


No se si estoy en lo correcto o no, pero, independiente de eso, tengo claro que no quiero ser un Millennial.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Ohhmmmmm....



Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado
Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro
Si estás en paz, estás viviendo en el presente

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Los Tres Filtros


En mi post anterior (Efectos Secundarios) publiqué una imagen que me pareció muy adecuada para resumir un fenómeno muy habitual: el hablar a espaldas de otras personas y, si bien el sentido común permite concluir que esto no está bien, el otro día me tocó leer la siguiente historia, que aborda el mismo tema...

Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:

- “¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…”
Sócrates lo interrumpió diciendo:

-“¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?

-“¿Los Tres Filtros…?”

-“Sí” – replicó Sócrates. -“El primer filtro es la VERDAD. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?”

-“No… lo oí decir a unos vecinos…”

-“Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo Filtro, que es la BONDAD: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?”

-“No, en realidad no… al contrario…”

-“¡Ah!” – interrumpió Sócrates.- “Entonces vamos a la último Filtro. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?”

– “Para ser sincero, no…. Necesario no es.”

– “Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…”

Seguramente, como muchas historias como esta, Sócrates jamás dijo esto, sin embargo, independiente de si lo dijo o no, creo que el sentido de la historia es relevante para que fluya la información que permite construir y no la que permite destruir que, por lo demás, es siempre más fácil.

Ya sabes, entonces, la próxima vez que vayas a hablar de alguien recuerda pasarlo por los Tres Filtros antes de decirlo.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Hombres Fuertes... Hombres Débiles...


Para los que no saben inglés, la traducción de lo anterior es: 

Tiempos difíciles crean hombres fuertes
Hombres fuertes crean buenos tiempos
Buenos tiempos crean hombres débiles
Hombres débiles crean tiempos difíciles

viernes, 25 de noviembre de 2016

La Magia del Lenguaje

El otro día, en la radio, un periodista hizo una crítica de cine sobre la película, recientemente estrenada, La Llegada (Arrival). Hasta ahora no la he visto, sin embargo, la crítica que hizo el periodista (y lo que he leído hasta ahora) indican que vale la pena verla.


Uno de los aspectos más relevantes de la película, según indicó, es que ella gira en torno a la necesidad de comunicarse con varias naves alienígenas que se ubican en la superficie de la tierra y que, a diferencia de las típicas películas de ciencia ficción, no hacen nada. Nada de nada. Se asume que sólo están observando. En este contexto, la protagonista, una experta en lingüística, es contratada para intentar comunicarse con los alienígenas. Para lograr esto, ella debe lograr establecer patrones comunes entre el lenguaje de los alienígenas (sonidos percibidos desde las naves) y el Inglés (obviamente, la película ocurre en Estados Unidos).

Con este dilema en mente, el periodista hizo mención a los problemas, paradigmas y desafíos que enfrenta la protagonista para intentar comunicarse, básicamente, producidos por las infinitas diferencias entre las dos culturas. El punto de partida, entonces, es lograr identificar puntos en común, por ejemplo, cómo se dice una cosa en inglés, y cómo se dice esa misma cosa en el idioma de los alienígenas. Después el periodista se explayó en las virtudes y bondades de la película, en lograr transmitir este desafío sin aburrir y, para terminar, hizo referencia al origen de la palabra Canguro (Kanga-roo en inglés) contando la siguiente leyenda (como se puede apreciar en Wikipedia):
"Una leyenda extendida afirma que el nombre canguro habría surgido al preguntar los occidentales el nombre de aquel animal y ser esto (Kan Ghu Ru) lo que respondían los aborígenes; su significado, según la leyenda, no era el nombre del animal, sino la frase "no le entiendo". Esta leyenda no tiene fundamento, pues el origen vernáculo de la palabra está perfectamente documentado"
A primera vista, la leyenda suena muy convincente e interesante pero, como se indica, está demostrado que no es más que eso, dado que la palabra tiene su origen en la palabra "gangurru" que usaban los aborígenes australianos, Guugu Yimithirr, para referirse a estos mamíferos.

Lo interesante de la leyenda anterior, es la necesidad de que existan objetos (cosas, ideas, lugares, situaciones, etc.) comunes para poder establecer un diálogo entre las dos culturas, esto es, que las dos culturas tengan, en su lenguaje, una palabra que haga referencia a un mismo objeto. Requisito fundamental para lograr esto, es que el objeto en cuestión sea una vivencia común.

Por ejemplo, supongamos que viajamos al pasado y llevamos con nosotros un computador o un celular o cualquier cosa que se haya inventado posterior a la fecha elegida y le preguntamos a uno de los "locales" cómo se llama lo que llevamos. Al igual que en el caso de la leyenda del Canguro, lo más probable es que la respuesta sea "No sé". Esto es, obviamente, ciencia ficción, pero...

¿Sería posible ver esta situación en la vida real?

Si. Hay una posibilidad.

En la excelente película, El Botón de Nácar (2015), del cineasta chileno Patricio Guzmán, se puede ver (y vivir) esta misma situación.

*** ALERTA DE SPOILER - SPOILER ALERT ***

A partir del minuto 41 de la película, el director establece un diálogo con algunos de los 20 descendientes directos de los Selk´nam (tribu que habitaba la Patagonia y que fue exterminada hacia fines del 1800). Estos descendientes han logrado mantener vivo el lenguaje de los Selk´nam y, por lo tanto, pueden traducir palabras del castellano a su idioma nativo. En este diálogo, el director pronuncia objetos comunes (palabras) en castellano y solicita a los entrevistados que las traduzcan.


Al principio, las palabras que les pide traduzcan son aquellas que representan objetos comunes, por ejemplo, Foca, Ballena, Canoa, Remo, Papá, Mamá, Sol, Niño, Luna, Estrella, etc., sin embargo, después, les solicita la traducción de palabras que, para nosotros son comunes pero que, al igual que la leyenda de los canguros, para ellos no. En la película, sólo se puede apreciar esto con dos palabras.

¿Qué palabras son esas?

Dios y Policía.

Increíble.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La Confianza o La Orientación a Objetivos


Considere el siguiente diálogo:

- Jefe, quisiera pedirle si puedo salir mañana 1 hora antes ya que tengo que ir al doctor.
- Ok Juan. No hay problema. Que te vaya bien en el doctor.
- Gracias Jefe y, no se preocupe, que mañana voy a llegar 1 hora antes para recuperar este tiempo. 
- Está bien Juan. Que te vaya bien. 

Hasta ahí, probablemente, una diálogo normal, salvo, tal vez, la primera respuesta del Jefe que, probablemente, no sea lo habitual. Ahora, consideremos la siguiente variación del diálogo anterior:

- Jefe, quisiera pedirle si puedo salir mañana 1 hora antes ya que tengo que ir al doctor.
- Ok Juan. No hay problema. Que te vaya bien en el doctor.

Asumamos por un momento, que el diálogo anterior se da en una situación normal, es decir, no es un trabajador que abusa de este tipo de permisos o que constantemente está fallando en sus obligaciones o un jefe que pide cosas imposibles, etc. 

¿Cuál es la principal diferencia entre los diálogos anteriores?

La obvia, claramente, es la disposición del trabajador a recuperar el tiempo en que se ausentó de la oficina al día siguiente.

La menos obvia, tiene que ver con un tema de confianza. En el segundo diálogo, no hay ninguna referencia, explícita o implícita, respecto a la necesidad de recuperar el tiempo "no trabajado".

¿Significa eso que los compromisos/objetivos adquiridos no se deben cumplir?

La respuesta es, y debiera ser, que no. Lo obvio es que, en una relación de confianza (en este caso con el jefe), se retribuya ésta de la misma manera, en este caso, cumpliendo con los compromisos/objetivos adquiridos a pesar de tener que ausentarse del trabajo. 

En el segundo diálogo, y contrario a lo que parece, el trabajador no está, necesariamente, demostrando más compromiso con su trabajo, empresa, etc., Sólo se está mostrando un compromiso tácito con la necesidad de trabajar las horas estipuladas y que, en el fondo, elimina el efecto secundario del descuento de horas por ausencia laboral. Una afirmación como tal, no necesariamente, implica cumplir con los compromisos/objetivos asignados. 

Considerando lo anterior... ¿El diálogo refleja una relación de confianza? 

En el contexto de este problema, la confianza está determinada por el cumplimiento de los compromisos y metas, independiente de los factores externos asociados, entre los participantes. Esto es, entre el jefe y el colaborador y vice-versa. De nuevo, asumiendo que las asignaciones son correctas, los plazos han sido acordados en conjunto, están las herramientas disponibles, etc., un diálogo mejor, que refleje correctamente una relación de confianza, sería el siguiente:

- Jefe, quisiera pedirle si puedo salir mañana 1 hora antes ya que tengo que ir al doctor.
- Ok Juan. No hay problema. Que te vaya bien en el doctor.
- Gracias Jefe y, no se preocupe, que mañana van a estar listas las entregas en el horario que acordamos. 
- Está bien Juan. Gracias. Que te vaya bien. 

La variación en el diálogo es muy sutil, sin embargo, hace una diferencia tremenda en la manera de enfrentar el problema.

En primer lugar, hay un reconocimiento explícito de que hay un compromiso adquirido, es decir, la persona (el trabajador en este caso), se siente responsable del compromiso. En segundo lugar, hay una confirmación de que, aún cuando se va a producir la ausencia, éste (el compromiso) no se va a ver afectado. Por último, se entiende del diálogo, que las dos personas están enfocadas en el objetivo y no, necesariamente, en la manera en que cómo llega a él.

Para poder avanzar hacia un modelo de trabajo orientado a objetivos, es necesario establecer relaciones de confianza y, la única manera de lograr esto, es tener claro que lo derechos siempre van acompañados de obligaciones y deberes. Si la balanza se inclina, permanentemente hacia un lado, claramente no habrá una relación de confianza. Pero, también, es necesario saber que el equilibrio perfecto no existe y, por tal razón, a veces la balanza se inclinará hacia un lado y a veces hacia el otro. Está en cada uno lograr adaptarse a cada situación, sin perder de vista, el objetivo, es decir, cumplir con los objetivos/compromisos adquiridos en ambos sentidos.

Está claro que, tal vez, en trabajos menos calificados, o medidos por horas, lo anterior podría no ser posible o válido, sin embargo, no deja de sorprenderme cuando veo estas actitudes en personas más calificadas o en profesionales de alto nivel.